Sobre las lecturas dramatizadas en NYC

Escrito por Ama2

En el 2024, en Anacaona Theater, empezamos a hacer lecturas dramatizadas con “El chico que no gritó lobo” y “La chapicienta”.

Tuvimos varias razones. “El chico que no gritó lobo” es una obra que no pienso representar ya que la escribí para que se hiciera vía Zoom. La escribí durante la pandemia, cuando se presentaron algunas obras online, y quería, por lo menos, escucharla leída sintiendo la risa del público. “La chapicienta”, de Edú Mar, que en ese momento se leyó solo el primer acto, lograba que el evento durara una hora y pico. A la vez, esta sí es una obra que pretendemos presentar en las tablas en algún momento. Vimos cómo el público reaccionaba a los diálogos y a la historia que Edu había creado. Además, el público donó dinero para ayudarnos a producir el próximo proyecto. En otras palabras, esta lectura tuvo varios fines.
Desde esa primera lectura, no puedo evitar notar el aumento de las lecturas dramatizadas en el teatro independiente. Con esto no digo que iniciamos las lecturas dramatizadas en NYC. El narcisismo no me ahoga… todavía. Puedo pensar en Juan Guzmán y su texto “La inesperada seducción de una dama honorable”, que fue leído en el 2024, o en una que otra lectura dramatizada que se dio en el viejo Broadway BlackBox Theater. De seguro hubo otros antes también. Lo que sí digo es que ahora las lecturas dramatizadas son más abundantes en diferentes compañías en el mismo año, además de que las lecturas que se están haciendo están más producidas. Es decir, no es solamente leer detrás de unos atriles (sentados o de pie). Ahora se está leyendo con vestuario, bloqueos, sonido, luz y escenografía. ¿Por qué?
En 2025, además de “El niño que no gritó lobo” y “La chapicienta”, se leyó “La señora mayor”, producida por Thespis Theater, en la que también participé. Estas tres lecturas se leyeron detrás de unos atriles. No hubo escenografía; el vestuario era limitado (vestidos de negro, pero con algo que representara un poco al personaje. Por ejemplo, pelucas en "La Chapicienta" u orejas del animal que representaban en "El niño que no gritó lobo"), sin uso de luz ni sonido.

Este año, 2026, se repitió la lectura de“La Chapicienta” como parte del “March Reading Series” de LATEA. También se usaron los atriles. Esta vez completa y no solo el primer acto. Además, hubo un poco más de dirección en la lectura. También vi la lectura de “Isolation” escrita por Cristina Ortega. Esta lectura se sintió como si la obra estuviera completamente bloqueada. Hubo dirección, escenografía, movimiento, sonido, y los atriles desaparecieron.

Raúl Rivera hizo una lectura dramatizada de “La reina virgen”. Aquí Raúl también dirigió la lectura y abandonó los atriles. Hubo escenografía, vestuario y uso de luces. Recientemente acabamos de hacer nuestra lectura SÚPER dramatizada de “La Mort de Pedernido” donde también se abandonaron los atriles y se leyó como si se estuviera dirigiendo la obra en sí. Con esto me refiero al uso de vestuarios, música y bloqueos. Todo esto me parece positivo, pero creo que esto habla mucho de la situación que nos pone la falta de dinero para poder producir totalmente estas obras.
Las últimas tres obras que mencioné abandonaron los atriles para hacer la lectura más cercana a lo que sería una obra. Esto me hace pensar en cómo se quiere presentar el play, pero una lectura es menos costosa que la obra en sí. En otras palabras, una explicación clara de por qué el aumento de las lecturas dramatizadas en la ciudad de NYC se debe a la reducción de costos que se ve en estas lecturas. Por otro lado, es otra forma de presentar teatro sin tener que abandonarlo del todo (de nuevo por el costo). La iniciativa de LATEA con su "March reading" fue un plus. Esto incentiva a individuos y compañías a hacerlo. También está el intento de obtener donaciones para ayudar a presentar la obra como se debe.
Y tú...
¿Por qué piensas que se están haciendo lecturas dramatizadas? ¿Por qué se están haciendo más producidas?




Comments